lunes, 12 noviembre 2018

El Cartero

E-mail

 

Día a día requerimos de su trabajo y constatamos o ponemos en duda, casi siempre injustamente, su eficiencia. Desconocemos, su nombre y su rostro nos resulta ajeno, no obstante que es portador de noticias, mensajero de novedades y anunciador de acontecimientos. Por el contrario, él sí sabe quién somos, dónde y con quién vivimos y cuándo es posible encontrarnos.


entregaSu sencillez, su lealtad y el empeño que pone en su trabajo le han valido la permanencia a pesar de los adelantos tecnológicos y de nuestra resistencia cada vez más, evidente a tomar una pluma y una hoja de papel y asentarnos, tranquilamente, a escribir.


Incontables, cambios ha experimentado la sociedad desde que Joseph Lazcano, primer cartero de oficio de la Nueva España, empezó a repartir a domicilio en la ciudad de México misivas y legajos, cartas, documentos oficiales, libros y otros impresos. Conforme a las ordenanzas reales, Lazcano cobraba el porte, previamente indicado en la envoltura por el administrador de correos. Él sólo percibía un cuarto de real por cada carta.


Al parecer, el nombramiento de Lazcano se hizo en 1763 o 1764, cuando la capital de la Nueva España, estaba dividida en barrios y empezaba a despuntar como una gran metrópoli, difícil de administrar a causa de su desordenado crecimiento.


Además de llevar la correspondencia, entre otras obligaciones, el cartero tenía la de anotar los cambios de domicilio, indagar los nuevos y dejar las cartas en manos del destinatario, o bien de sus parientes o servidores, en caso de la ausencia de éste, pero siempre que los conociera personalmente. Si el envío era certificado, debía recoger el recibo correspondiente y entregarlo en la administración de correos.

 
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